El Hobbit

- Veo que han empezado a llegar. -dijo cuando vio en la percha el capuchón verde de Dwalin.

Colocó el suyo rojo junto al otro y -¡Balin, a vuestro servicio! -dijo con la mano en el pecho.

- ¡Gracias! -dijo Bilbo casi sin voz.

No era la respuesta más apropiada, pero el "han empezado a llegar" lo había dejado perplejo. Le gustaban las visitas, aunque prefería conocerlas antes de que llegasen, e invitarlas él mismo. Tenia el terrible presentimiento de que los pasteles no serian suficientes, y como conocía las obligaciones de un anfitrión y las cumplía con puntualidad aunque le parecieran penosas, quizá el se quedara sin ninguno.

- ¡Entre, y sírvase una taza de té! -consiguió decir luego de tomar aliento.

- Un poco de cerveza me iría mejor, si a vos no os importa, mi buen señor -dijo Balin, el de la barba blanca-. Pero no me incomodaría un pastelillo, un pastelillo de semillas, si tenéis alguno.

- ¡Muchos! -se encontró Bilbo respondiendo, sorprendido, y se encontró, también, corriendo a la bodega para echar en una jarra una pinta de cerveza, y después a la despensa a recoger dos sabrosos pastelillos de semillas que había hecho esa tarde para el refrigerio de después de la cena. Cuando regresó, Balin y Dwalin estaban charlando a la mesa como viejos amigos (en realidad eran hermanos). Bilbo depositó la cerveza y el pastel delante de ellos, cuando de nuevo se oyó un fuerte campanillazo, y después otro.

El Hobbit. J.R.R. Tolkien

Publicado en Culturilla Cervecera
Jueves, 23 de octubre de 2008

bajo el tag LITERATURA



Pi3.es Consultoría Informática